Keanu Reeves
- 21 dic 2017
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Actualizado: 27 jul

Me había enterado de que Keanu Reeves estaba en Uruguay. Ese día me llamaron del diario El Observador para realizar las fotografías durante una entrevista pactada con él en el Hotel Sofitel.
Al llegar, nos asignaron un rincón del salón principal, apartado de la zona de circulación para evitar a los posibles fans y los ruidos que pudieran interrumpir la entrevista.
No me convencía ese lugar. La iluminación era una luz artificial tenue, con un marcado tinte amarillento, y el fondo no aportaba nada. Las imágenes que podía hacer allí eran las típicas fotografías de una entrevista. No quería irme sin intentar hacer un verdadero retrato.
Antes de que terminara la entrevista busqué a la encargada de prensa para pedirle apenas cinco minutos y hacerle una foto en otro espacio del hotel. La respuesta inicial fue negativa: me explicó que se trataba de una figura muy importante y que tenía la agenda ajustada. Insistimos una vez más y, para mi sorpresa, fue el propio Keanu quien accedió amablemente a concedernos esos minutos.
Sabía que no tenía tiempo para pensar demasiado. Elegí un lugar cercano: un cuarto que en ese momento se utilizaba como depósito, lleno de sillas. Aun así, reunía varias condiciones que podían jugar a favor de la fotografía. Una ventana dejaba entrar una luz muy suave y las sillas, junto con una escalera al fondo, le daban ritmo y profundidad a la escena.
Decidí jugármela con un viejo 50 mm f/1.4. Sabía que, trabajando a máxima apertura, el foco iba a ser extremadamente crítico y que podía desperdiciar esa única oportunidad. Pero también sabía que, si acertaba, obtendría el retrato que estaba buscando.
Disparé apenas cuatro fotografías.
Esta es una de ellas.
La que quedó en foco.
https://www.youtube.com/watch?v=Tb4gO4DIssY












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